viernes, 22 de octubre de 2010

#No quieras caminar sobre el dolor descalza.

Ella camina entre la masa de estudiantes con la mirada perdida y una expresión rara en el rostro, mezcla de desidia, fastidio, prepotencia y desdén. Lleva un largo bolso color morado y negro, tejido, tradicional, muy diferente al que llevan sus compañeras, pequeñas mochilas de mallas rosadas. Las mira con una ceja enarcada y rie suavemente. Algunas personas se le quedan mirando.
Y cuando se tropieza y casi va al suelo, todas las personas se le quedan mirando, mientras algún sinoficio en la parte de atrás grita "Cuidado y te caes", con el coro de las risas.

Pero eso parece no afectarle y se incorpora con la misma sonrisa, rumbo a su salón de clases, al que sabe, ya su grupo ha entrado hace un buen rato. La puntualidad jamás ha sido su mejor cualidad, y esta vez no será la exepción.

Plun, plun, plun. Sus converses resuenan en las escaleras metálicas mientras esquiva los múltiples pies que se atraviesan para tirarla al suelo de nuevo. La coleta de caballo se mueve con cada paso.
Y al final, a punto de cruzar la puerta blanca, deja salir un suspiro y su venosa mano se detiene a pocos centímetros de la manija. Frunce los labios y baja la cabeza unos centímetros. Otra vez sola, en el último pupitre del salón para evitarse las bromas pesadas. No es una perspectiva agradable, pero, ¿Qué le queda? ¿Arrojarse por la baranda?
Cobarde, pero muy tentador.
Sin embargo, se decide por pasar, da un desganado "Buenos días" al profesor y se deja caer con una nula delicadeza en uno de los asientos.
Y así será hasta que salga y vuelva a comenzar todo de nuevo...

1 comentario:

  1. Es una realidad algo triste, la verdad.
    Al menos te inspira para escribir cosas bonitas como esta.

    Pero te aseguro que a alguien le vas a caer bien.

    Btw, ME ENCANTA EL DISEÑO DEL BLOG.

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