Oh, por, Drácula.
Fallé, otra vez caí en el mismo juego. Bueno, no sé si esa expresión correcta.
Pero otra vez estoy obsesionada de alguien, y otra vez, todo se echó a perder.
Ayer, todo comenzó comenzó como un día muy bonito: Salí con Yei a comprar tickets -pasaje estudiantil-, y nos reímos mucho en la cola. Bebimos malta -cerveza sin alcohol con azúcar, creo-, paseamos, reímos. En fin, la vida típica de dos adolescentes sin oficio, dos adolescentes sin oficio que llegaron tarde a clases y no pudieron entrar a matemáticas.
Justo cuando llegamos al cole, estaban terminando Junior y Adriana. No pude evitarlo, simplemente me quedé viendolos. Rato después, llegó a darme un discurso que parecía sacado de una telenovela de mala muerte.
Eso, realmente, me da igual.
Lo que me duele es el ya no me habla. O al menos, no como antes.
Decir mentiras parece ser malo, pero cuando dices la verdad, el mundo se te viene encima.
¡Qué estupido es esto!
Pero nadie me verá llorar.
...Definitivamente, no coimprendo a la raza humana.
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