No hay nada que quiera hacer más en este momento que conseguir alguien que comprara mi casa, coger mis maletas, a mi madre, a mi hermana, a César y a Peluche y coger el primer vuelo que saliera a Estados Unidos para evadir que nos salpique la tristeza creciente en mi antiguo, antiquísimo hogar.
Tengo miedo, y es raro que diga eso. ¡Qué fácil sería que sus vidas se desmoronaran, por vivir en un océano tan caótico y falto de capitán!
Y aunque no me afectaría físicamente, por dentro me corroería un buen rato la pérdida de esos imbéciles que tanto adoro. Con los que me crié siendo un chico más que se revolcaba en el barro y se deslizaba por los barrancos. A veces me pregunto que hubiese sido de sus vidas si quizás hubieran tenido una suerte de madre como la mía, en vez de ser hijos de madres adolescentes que más que su descendencia los consideran su penitencia. Y me pregunto también qué y quién sería yo en estos momentos.
Una desgracia se avecina, y no quisiera estar presente cuando ocurriera.
Pero de nada vale evadir los problemas -que nisiquiera son míos-.
Sólo espero que, por mi bien y el de mi madre, a mis tías, a mis primos, a mis tíos...Sólo espero qué estén bien.
Y que cuando eso pase, todos estén preparados para asumir las consecuencias de una vida de desastre.
Bueeeh, veamos lo positivo de la vida.
Hoy vino mi padre y me trajo pizza, chocolate y refresco de piña.
*-*
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